Innovación y diferenciación en la industria gráfica.

El packaging es un elemento fundamental en la proyección de la marca. Como tal, las mayores exigencias en su calidad técnica y visual son todo un reto en el escenario al cual se enfrenta la impresión y conversión. Como es obvio, esas mayores exigencias afectarán a buena parte de las dinámicas de la fabricación y condicionarán directa o indirectamente la productividad, los objetivos de sostenibilidad, los costes y sobre todo nuestra rentabilidad.

Siendo prácticos, el objetivo fundamental del impresor no es ganar una carrera para ver quien logra imprimir con más resolución, con más color, más rápido o más barato. El verdadero objetivo es el cumplir satisfactoriamente con los requisitos y expectativas que el cliente ha establecido al respecto de las funcionalidades del propio envase o embalaje y ante todo, hacerlo de forma consistente y rentable.

Con este escenario, los impresores están muy necesitados de alternativas que les permitan responder adecuadamente a ese reto. Para ello, tenemos la suerte de vivir en una etapa de innovación tecnológica absolutamente extraordinaria. Pero las cosas no son tan fáciles como parece, no todo lo resuelve esa innovación.

«Innovación» es una palabra que suena muy bien. Cuando una empresa pretende diferenciar su portafolio de productos o servicios, rara vez no acude de inmediato la palabra “innovación” y la repite constantemente como argumento. Ciertamente todos tenemos claro que hay que innovar y hay cierta ansiedad con ello, tanta que cuando se presenta una nueva solución, difícil resulta no verla identificada en algún momento y en letras mayúsculas como “INNOVADORA!!”, como si por el simple hecho de ser algo nuevo y diferente fuese ya necesariamente algo definitivo ante una determinada necesidad.

El verdadero sentido de “innovar” es el “cambiar”, es hacer las cosas de una manera distinta a como las hemos hecho hasta ahora para intentar mejorar. Normalmente tendemos a pensar que la innovación está en lo original de una tecnología, en su diseño o en las ventajas que propone. Pero no olvidemos que, en realidad, la tecnología no es más que una herramienta que nos ayudará, mejor o peor, a superar nuestros límites o responder satisfactoriamente al reto de diferenciarse y ganar, pero somos nosotros quienes habremos de hacerla funcionar en nuestro contexto de producción.

¿Queremos diferenciarnos para ganar?, pues claro…!. Pero aun siendo una obviedad, una empresa no gana porque sus procesos sean simplemente diferentes o porque invierta en una determinada tecnología, sino porque esos procesos son más eficientes que los de otros. Por lo tanto, se trata de mejorar la eficiencia en todo lo que hacemos, esa es la primera prioridad.

Si queremos ser más eficientes, no solamente tendremos que invertir en capacidad tecnológica; ¿de qué nos sirve invertir en más y más recursos tecnológicos si es posible que aún no sepamos cuáles son las barreras que nos impiden mejorar en las condiciones actuales, donde están en concreto nuestras áreas de mejora o dicho de otra forma, cuales se supone que son las razones fundamentales por las que debemos escoger una determinada alternativa?.

La eficiencia siempre es la prioridad y debe estar presente en todos los ámbitos del trabajo; ya sea en la gestión comercial, en la del diseño, en la de producción, en la logística, etc… Pero es en la impresión, por sus condicionantes, donde probablemente se suelen suceder la mayor parte de las dificultades, ya que imprimir es algo muy complejo por la cantidad de variables que participan y fundamentalmente por la incertidumbre que esas variables provocan en las expectativas que tengamos del resultado.

La incertidumbre es un síntoma de ineficiencia y la ineficiencia es el gran generador de COSTE; es un agujero por donde se escapa nuestro beneficio, nuestra competitividad y nuestro futuro. La eficiencia en los procesos nos permite trabajar en un entorno más predecible. Ser predecibles en la impresión es siempre uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos.

Pero hablar de predecibilidad es a veces tabú, sobre todo en flexografía, sistema de impresión ampliamente utilizado en la industria del packaging. Aquí el hablar de predecebilidad es casi como hablar de milagros y como ya he dicho alguna vez, los milagros no existen en la flexografía, sobre todo teniendo en cuenta lo complejo que resulta el predecir con exactitud lo que va a suceder en un cuerpo impresor sin saber, por ejemplo, cómo se va a comportar una tinta en contacto con un polímero y un sustrato en altas velocidades. Por lo tanto, no se trata únicamente de querer trabajar con más resolución, más velocidad o más color; si queremos ser más eficientes, debemos conocer mejor los factores que pueden condicionar, directa o indirectamente, el rendimiento del conjunto impresor. En este sentido, hay muchos de esos factores que están más allá de las capacidades que pueda aportar la propia tecnología; como la revisión y actualización de procedimientos, la capacitación, el mantenimiento, la calidad de la información, etc.

Debemos luchar por ser competitivos…, debemos hacer las cosas tan bien y ser tan buenos en lo que hacemos que no se nos pueda ignorar. Pero… ¿cómo llegar a ser el mejor?.

Sin duda, deberíamos empezar por trazar un plan y una meta. ¿Cuál es su plan?, ¿lo tiene decidido?. Si no lo ha hecho, tenga en cuenta que es posible que su competencia lo tenga ya y lo esté poniéndolo en práctica, por lo que no hay tiempo que perder.

Si el primer paso de su plan es conseguir mejorar sustancialmente su nivel de eficiencia porque considera que es el camino más corto hacia la rentabilidad, tenga presente el orden de prioridades. El primer recurso es la experiencia y la gestión de nuestro conocimiento como valor que nos define y diferencia de los demás. El conocimiento es la base de todo y en estos nuevos retos a los que nos enfrentamos, ese conocimiento va a ser más importante que nunca. Por lo tanto, debemos saber aprovecharlo bien, analizar nuestro grado de competencia en cada proceso e identificar donde están nuestras fortalezas y debilidades para poder actuar antes de invertir en costosas tecnologías. En otras palabras, debemos desarrollar el talento en las personas, porque no es suficiente con poner en sus manos una nueva y sofisticada herramienta; no solo tiene que haber un “porqué” y un “para qué”, debe existir un adecuado procedimiento de implementación y una formación continua.

La capacitación es una prioridad absoluta en esta nueva revolución tecnológica en la que estamos entrando bruscamente. Si no se actúa a través de ella, si no se trabaja continuamente por superar nuestros límites individuales y colectivos, si no se capacita adecuadamente a la gente para utilizar esas tecnologías correctamente, difícilmente te diferenciarás, no serás más competitivo, no crearás valor para tus clientes o para tu empresa y por descontado, tampoco generarás rentabilidad.

En definitiva, hay que cultivar el conocimiento en aquello que haces o perderás. No importará si inviertes en más tecnología, en la mejor maquinaria, tinta o plancha, ya que sus prestaciones hace tiempo que superaron nuestras propias capacidades de sacarles el máximo rendimiento, por lo que el límite de ese rendimiento siempre quedará definido por el del nivel de ignorancia o conocimientos que el usuario tenga de ella.

Miguel Ángel Beltrán

La actitud ante los retos

Se habla de la «actitud» ante los retos como si fuese una especie de fuerza oculta que todo lo puede y donde reside la clave de todo éxito, algo así como un Santo Grial de la felicidad…

Pero…, ¿qué es exactamente la actitud?, ¿forma parte simplemente de nuestra forma de reaccionar ante una situación y de cómo te tomas las cosas cuando se te presenta la necesidad de responder ante ellas o simplemente es la expresión de un estado de ánimo al que le estamos dando excesivo protagonismo en nuestro empeño por avanzar en lo que hacemos?.

Y llegado el caso…, ¿cómo se determina si una “actitud” es la buena y bajo qué reglas se valora?. ¿Cómo puedo saber si mi forma de responder ante esa situación es la que mandan los cánones de la correcta “actitud”?.

Tal vez el reflexionar en calma de vez en cuando sobre nuestro modo de entender y reaccionar en la vida y sobre nuestra relación con ella merezca la pena. Deberíamos tomarlo por costumbre, como si fuese una medida de higiene…, algo así como una revisión y mantenimiento de la chimenea por la que expulsamos los malos humos para evitar que nos dejen toxinas en el salón.

A lo largo de la vida nos enfrentamos continuamente a situaciones en las que nuestra forma de reaccionar ante ellas determinará nuestra capacidad para superarlas y también de evitar que nos afecten negativamente. Tengamos presente que en un escenario personal difícil, como la enfermedad propia o la de un ser querido, los problemas económicos, las decepciones en la relación con las personas, los fracasos en el trabajo, etc., nuestra capacidad de control sobre nuestro estado de ánimo se ve de un modo u otro alterada. Siendo conscientes de ello hay que intentar prepararse, ya que todas estas situaciones realmente no se acaban nunca…; siempre vuelven a presentarse en formas distintas e independientemente de si la has superado satisfactoriamente o no con anterioridad. Dicho de otra forma, se te pondrá nuevamente a prueba y deberás estar preparado para ello, de ahí la necesidad de evitar que los daños que puedan originarse en cada lucha nos debiliten en exceso a la hora de enfrentarnos a lo que pueda venir más adelante. Y vendrá…, no nos quepa la menor duda.

Ante todas esas circunstancias por las que necesariamente deberemos pasar en la vida, más que tener actitud yo empezaría por tratar de “tener consciencia”.  La consciencia es la capacidad del ser humano de reconocerse a sí mismo y a lo que le rodea y de ser capaz de reflexionar sobre ello. Una persona no se irrita, indigna, entristece o desilusiona porque desee hacerlo o por que la obliguen, lo hace porque no ha encontrado la fortaleza o recursos suficientes para responder con serenidad a una situación, por lo que su ánimo tiende a verse afectado y su “actitud” también. Ser consciente de lo que te está pasando te ayuda a reflexionar y a actuar, pero a esa capacidad no se llega sin preparación previa, ya que no es fácil reflexionar con claridad cuando tus neuronas están sufriendo una estampida.

Pero ya sabemos que prepararse para ello no es tarea fácil. ¿Quién no tiene muy cerca, incluso en su ámbito familiar, a personas que sufren de esa situación?. Yo no soy psicólogo, tampoco pretendo dar consejos sobre temas para los que no he recibido formación y de los que no dispongo de suficientes conocimientos, así que tómense estas reflexiones como algo muy personal y en riesgo claro de estar equivocadas. No obstante y al igual que le pasa a la mayoría de la gente, lo cierto es que yo también he sido testigo de las consecuencias que tiene o ha tenido en personas de mi entorno el no haber sido capaces de desarrollar una coraza suficientemente fuerte que las proteja ante los golpes que les da el desarrollo de sus propias vidas y cómo eso las ha hecho candidatas al fracaso en lo personal o en lo profesional, con el posterior riesgo de un «derrumbe espiritual», por evitar llamarlo depresión o algo peor.

Por otra parte, si lo miramos desde la perspectiva del ámbito profesional, se tiende a concentrar los esfuerzos de capacitación de las personas en los aspectos directamente relacionados con los procedimientos en el trabajo, pero no tanto en los de la inteligencia emocional de quienes participan en ellos. Ciertamente, las personas deben prepararse no solo en cuestiones técnicas, de gestión o de producción, también deben desarrollar sus capacidades emocionales para poder enfrentarse a las situaciones de complejidad, de riesgo o de toma de decisiones y esto es algo perfectamente extrapolable a la vida cotidiana, donde también deberemos estar a la altura de las circunstancias.

La “actitud” individual frente a esos retos (porque no nos engañemos…, la vida misma es una sucesión de retos que debemos superar), y ya sea esa actitud positiva o no, se podría interpretar como una señal del estado en el que se encuentra nuestra autoestima, ya que ambas (actitud y autoestima) guardan un delicado equilibrio y se condicionan entre sí. El no mantener ese equilibrio puede tener un efecto tóxico y potentemente letal ante el objetivo de mantener una actitud constructiva ante las situaciones, pero ciertamente el evitar esa situación suele ser muy complejo. Por descontado, nadie dispone de recetas magistrales, únicamente de ciertas directrices y de algunas pistas que, correctamente entendidas y adecuadamente implementadas, tal vez nos ayuden a encontrar el camino correcto hacia la éxito en la vida o hacia la soñada felicidad.

Lo que resulta difícil de discutir es que el grado de felicidad que disfrutes (o sufras) en tu vida no lo determinará las dificultades que puedas afrontar en su recorrido, ya que esas dificultades son inevitables, sino de la actitud que decidas tener ante ellas.

 

Miguel Ángel Beltrán

ATEF. La importancia del asociacionismo en el sector flexográfico.

Pertenecer a una asociación que promueva iniciativas que beneficien a la industria flexográfica y a los profesionales que la integran es una buena manera de contribuir a su propio desarrollo.

La ATEF (Agrupación Técnica Española de Flexografía), al igual que otras asociaciones de carácter nacional o internacional como la FTA, EFTA o FLEXOFED, se creó con la misión de agrupar empresas y profesionales en el interés colectivo de promover la excelencia en este sistema de impresión y mantener relaciones de colaboración que permitan compartir sinergías y conocimientos. Por ella y durante años han pasado muchos profesionales dispuestos a invertir parte de su tiempo y esfuerzo en aportar ideas, experiencias, propuestas y compromiso para que nuestro sector tenga una carta de presentación conjunta hacia el exterior y hacia sí misma.

Ayer, 25 de Noviembre, fue uno de esos días grandes para el sector flexográfico en España, ya que se celebró en Barcelona la entrega de premios del XIII Concurso de Flexografía, evento que cada dos años organiza nuestra asociación.

Como integrante del Jurado técnico que valoró los trabajos presentados, debo reconocer que resultó muy satisfactorio desde un punto de vista profesional el comprobar como el nivel de calidad aumenta cada año en todas las categorías, en una señal inequívoca del enorme desarrollo que este sistema de impresión ha tenido y sigue teniendo en todos los sentidos, especialmente  el experimentado durante la última década.

Desde otro punto de vista más personal y como apasionado de este sistema de impresión, tengo que decir que, más allá de estas muestras de calidad y capacidad demostradas en los trabajos presentados y después de haber tenido ocasión de compartir conversación con diversos colegas y participantes durante este evento, es agradable comprobar el enfoque que esta nueva generación de profesionales de la preimpresión y de la impresión en flexografía le está dando a su trabajo, con una fuerte convicción hacia la mejora continua en los procesos y hacia el reconocimiento de la importancia, no solo de los avances tecnológicos, también de la formación y especialización.

El equipo de trabajo que, de manera regular, se reune en la Asociación para debatir y desarrollar las distintas actividades que la ATEF pone al servicio de nuestra industria, se ha venido renovando con nuevos profesionales dispuestos a aportar su experiencia y valoraciones al respecto de las nuevas dinámicas y tendencias de la flexografía, con el deseo de poder contribuir con todo ello a construir y enriquecer vínculos en beneficio común. Esto, que debería ser conocido y valorado por el sector, puede que no lo sea todo lo que mereciera, tal vez porque la contribución altruista tiene estas cosas y la prioridad no es la de informar del esfuerzo y compromiso de los integrantes que colaboran con ella, sino el conseguir poner en práctica iniciativas que sean útiles para promocionarlo y ayudarlo a crecer, que es básicamente en lo que está volcada nuestra asociación. Por este motivo, me tomo la libertad de hacer mención a su importancia y transmitirla a quien tenga a bien leer estas líneas.

Hay un número muy importante de empresas y profesionales de nuestro ámbito que están asociados a la ATEF, pero también es verdad que no están todos los que deberían estar. Cierto es que, para la labor que desempeña y como en el caso de cualquier otra asociación, el tener el respaldo de la industria a la que representa es muy importante, pero obviamente el darle un sentido de utilidad a sus iniciativas es fundamental. En base a esto y tal como comentaron ayer tanto Xavier Boadas (actual presidente ATEF) como Jordi Quera e Ignasi Cusí (Presidente y Secretario general de Graphispack respectivamente), la ATEF y el equipo de profesionales que con ella colabora, están trabajando para darle un nuevo impulso a este lugar común donde poder dirigirse para encontrar apoyo y asesoramiento sobre aspectos técnicos, formativos o sobre tendencias. Sin duda esta no es una labor fácil, más teniendo en cuenta los compromisos individuales y los recursos disponibles, pero sí puede ser una tarea posible si realmente hay disposición para hacerla y desde mi punto de vista, ciertamente esa disposición existe.

Dicho esto y teniendo presente que a estas alturas todos conocemos sobradamente la diversidad de segmentos y aplicaciones en el sector de la flexografía y la complejidad técnica que ello conlleva, seguro que también somos cada vez más conscientes de que el escenario se está haciendo día a día más difícil en nuestro objetivo de ser más competitivos y por encima de todo ser rentables, principalmente porque los requerimientos de calidad, medioambientales y de reducción de costes, entre otros, son mucho más exigentes, mientras que la tecnología evoluciona tan rápidamente que a menudo sobrepasa nuestra capacidad para entenderla y para sacarle el rendimiento que necesitamos de ella.

Sin duda, existen muchas razones de peso para contar con una asociación fuerte que sirva de punto de encuentro, de proyección del sector y de apoyo para todos. Por todo ello y cómo profesional que se siente comprometido en la labor de nuestra Asociación, les invito desde aquí a ser partícipes de ella.

MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN

 mabeltran@lycongraphics.com     ·     www.lycongraphics.com

El sendero recorrido.

Después de más de 25 años en este sector, siento que es hora de hacer algún balance de los logros alcanzados y de los fracasos afrontados, del tiempo aprovechado y del desperdiciado. ¿Qué es lo que me habría gustado?, ¿qué podría haber hecho mejor?.

Supongo que todos llegamos a un momento en nuestra etapa profesional en el que nos hacemos preguntas sobre nuestras experiencias vividas a través de ella y tratamos de compararlas con las expectativas que fueron marcadas antes de comenzar a afrontar retos y compromisos. Dicho esto y ya que la cosa va de senderos recorridos, debo reconocer que la primera sensación que percibo es la de un cierto desasosiego, ya que mi trazado no ha sido el que marqué en el mapa, ni fue mi objetivo soñado. Por lo tanto, si el balance final debe establecerse comparándolo con mi horizonte inicial, entonces debería entender mi trayectoria como un fracaso, puesto que ha salido definitivamente desviada y me ha llevado muy lejos de donde esperaba estar.

Pero un momento…, ¿me estoy haciendo las preguntas correctas o es que me estoy equivocando en las respuestas?. ¿Realmente son tan importantes nuestras expectativas iniciales en nuestra valoración final o hay algo erróneo que parte de ese deseo, a veces enfermizo, por conseguir la plena satisfacción profesional para colmar un ego interior inconfesable?.

¿Realmente nuestra misión en la vida es simplemente alcanzar el nivel de incompetencia y entonces sentarnos en un sillón a contemplar la obra o se trata de otra cosa algo más compleja?. La verdad es que, más allá del orgullo de haber destacado, no hay muchas cosas que puedan ser más satisfactorias para un auténtico profesional que el haber contribuído al éxito de un equipo o de una empresa y poder compartirlo con el resto.

Tal vez nuestra humanidad no sea tan egoísta como aparenta ser, si es que es verdad eso de que al final su naturaleza nos empuja instintivamente hacia lo que verdaderamente importa. No obstante, puede que nuestro principal problema sea que somos incapaces de darnos cuenta de ello y esto represente una de las causas por las que algunas personas tienden a ver desequilibrada su autoestima o a acabar ahogados en frustración, sentimiento de culpabilidad o de mediocridad.

Pero lo cierto es que resulta indiferente cual sea tu profesión, tu responsabilidad, el nivel del puesto que alcanzarás…, al final estarás ahí para hacer una labor que de alguna forma estará destinada a ayudar a otros a realizar la suya como parte de un objetivo común. Aunque siendo honestos…, la realidad no es en muchos casos así de ideal.

Para empezar, ni somos sinceros con nosotros mismos ni tampoco lo somos con los demás. En lo profesional impera el egoismo y la falta de generosidad, no comparamos nuestro rendimiento con las expectativas iniciales sino con las de los demás, medimos nuestro éxito en el fracaso de otros y nuestra frustación proviene en realidad de una mezcla corrosiva e inflamable de envidia y ambición que prende frente al fracaso propio y ante el éxito ajeno. Tendemos a dosificar esfuerzos en función de nuestros propios intereses individuales y no en los del equipo, no compartimos experiencia en la estúpida creencia que eso nos mantendrá a salvo en nuestro puesto de trabajo, ni ponemos interés en ser mejores para ser más útiles… En realidad no hay un compromiso real, solo una fachada interesada e individualista que representa un auténtico cáncer para el futuro de cualquier empresa; una lacra contra la que vale la pena perder un par de horas rompiéndose la cabeza para escribir este ladrillo a altas horas de la noche que posiblemente no interese a nadie.

Por lo tanto, si quieres valorar la propia trayectoria profesional, déjate de medallas y de golpes de pecho y piensa con sinceridad en cual ha sido tu aportación a la trayectoria del resto, en qué modo esa aportación ha contribuido a que otros alcancen sus metas y cual ha sido su impacto en el objetivo común establecido. Entonces sabrás si has tenido éxito en tu vida profesional o si en realidad no has sido más que un «bluf» perfectamente prescindible y culpable de su propia frustración, en cuyo caso te invito a trabajar desde ahora en establecer nuevos objetivos, en buscar otro sendero distinto que te lleve a la meta correcta.

Miguel Ángel Beltrán

Los atajos y recetas mágicas para alcanzar al éxito profesional.

 

Van pasando los años, nos hacemos mayores mientras acumulamos experiencias, éxitos, golpes y frustraciones. Sí…, el tiempo va pasando inexorablemente y se diría que tan rápido que los días suelen acabar con esa sensación del trabajo no completado, del tiempo no aprovechado…

Te levantas pensando en qué nuevas dificultades vendrán, en lo que le dirás a tu cliente, en qué forma deberás afrontar sus exigencias, en qué puedes hacer para superar los obstáculos que te impiden responder eficazmente a ellas. Y no es nada fácil…, sobre todo cuando te has propuesto ser paciente, ético, respetuoso y honesto con los demás y también contigo mismo…

Pero el caso es que las circunstancias marcan las pautas del trabajo; cuando crees haber conseguido centrar tus pensamientos en la búsqueda de una respuesta, de una solución factible o de esa cifra o argumento clave que te permita pensar que eres competitivo, entonces empiezas a percibir que hay algo erróneo en lo que haces. Es esa sensación que te lleva a creer que tu enfoque no es el correcto, que lo único que haces es lo mismo que hacen los demás, que no estás aportando nada nuevo y que, por lo tanto, nada te diferencia respecto del resto.

Las preguntas entonces no se resisten a pasar por tu cabeza, de hecho pasan a través de ella como una apisonadora…; ¿realmente puedo diferenciarme?, ¿estoy haciendo lo correcto?, ¿estoy preparado para esto?, ¿qué demonios estoy haciendo…?

Comienzas entonces a poner en duda tu propio convencimiento y la confianza que siempre has tenido en ti mismo, a flaquear ante el desánimo, empiezas a dudar, empiezas a caer… Pierdes orientación y entras en un bucle de preguntas sin respuesta sobre posibles «recetas mágicas» que te lleven a través del camino correcto, eliges una de ellas y… vuelves a equivocarte.

La parte positiva de esto es que, aunque el ser humano supuestamente es el único animal que tiende a tropezar más de una vez en la misma piedra, también tiene la capacidad de aprender del golpe, de rectificar, de cambiar…, pero eso solo ocurre si logra controlar su consciencia para aprender de sus errores, reconocer sus debilidades e identificar el origen de las mismas para actuar sobre ellas en consecuencia. Éste debería ser el primer paso para mejorar en nuestro mundo profesional, ya que únicamente después de él se estará en condiciones para intentar definir algo tan fundamental como nuestra propuesta de valor, tanto desde el punto de vista profesional como también desde el personal. Y es que… ¿cómo puedes promocionar el valor de un producto si no sabes promocionarte antes a ti mismo y a los valores que te definen como persona?.

En el mundo de los negocios y de la industria se entremezclan pasiones, miedos, desconfianzas y riesgos. La capacidad de transmitir ilusión, pasión y convencimiento en lo que se hace es fundamental y forma parte ineludible de la receta del éxito para un profesional; se trata del combustible que aporta la fuerza necesaria para afrontar los desafíos a los que todos nos tenemos que enfrentar en el día a día de nuestro trabajo. Sin esas claves no hay nada, solo una previsible mediocridad y un más que probable fracaso.

Por lo tanto, no es cuestión únicamente de rebuscar en libros de autoayuda en la tienda del aeropuerto, tampoco de trastear Internet a deshoras o de asistir a sesiones de gurús para que te expliquen las verdades de la vida. No…, no se trata de buscar «recetas mágicas» que ofrezcan milagros, por que realmente nadie las tiene. De lo que se trata es de saber reconducir nuestros pasos y adaptarlos a las circunstancias cuando los golpes de viento nos desvían de nuestro camino.

¿Realmente buscas el éxito profesional?, entonces comienza preguntándote a ti mismo qué significa el éxito para ti. Cuando consigas entenderlo, cuando descubras su verdadero significado y te des cuenta de lo mucho que estabas equivocado, cuando corrijas el desvío en tu camino y logres alcanzar tu meta, entonces trata de compartir tu experiencia para que otros sepan que pueden lograr enderezar el suyo. Transmite tu conocimiento y genera con ello valor útil para otros…, por que en el valor que generes en tu vida profesional estará sin duda alguna el germen del ansiado éxito.

Miguel Ángel Beltrán   ·   mabeltran@lycongraphics.com

Testigos de una revolución ecológica y funcional del packaging.

Atrás quedó el Baby Boom de los 50´s, cuando el crecimiento de la población provocó un aumento exponencial del consumo y nos empujó en las décadas posteriores a nuevos desarrollos en el envasado que permitieran atender eficientemente la enorme demanda. Fue cuando el mundo empezó a conocer el concepto de envase desechable y las ventajas que este ofrecía, las cuales permitían mejorar no solo la protección y transporte de los productos, sino también la accesibilidad al consumidor. Este contexto trajo consigo un vertiginoso desarrollo en esta industria hasta convertirla en estratégica para la sociedad por las vinculaciones que tiene con ella.

Toda esa evolución entraba en la lógica de entonces, pero ahora esa lógica es otra y también se refleja en nuestra industria. Estamos en una sociedad que vive con prisa; interconectada, ansiosa y extremadamente informada. Los hábitos de consumo cambian con rapidez, son menos predecibles que antes. Ahora las sociedades son culturalmente más diversas, complejas y difíciles de sorprender…

Desde el punto de vista del diseño en el packaging, esa dificultad a la hora de captar el interés del consumidor se traduce en una mayor necesidad de innovar tanto en la imagen visual como en la funcionalidad. En este sentido hemos visto, a lo largo de los años y gracias al desarrollo de nuevos materiales, como el envase ha evolucionado desde la rigidez tradicional hacia conceptos flexibles, permitiendo con ello una gran variedad de formas y características que responden mejor a las necesidades actuales en lo referente al impacto visual, protección del producto, costes de producción, logística o a la reducción de la huella de carbono. Se buscan nuevas formas de atraer, seducir o generar seguridad en el producto y en la marca.

La industria evoluciona en la medida que lo hace la propia sociedad. Desde el punto de vista gráfico, vemos como los diseños precisan de más atractivo y de un respeto absoluto por la identidad de la marca. La tendencia en el diseño apuesta ahora por la sencillez, incorporando imágenes en la que se da mayor importancia al color pero sin estridencias que afecten a la autenticidad del mensaje. Se busca la sutileza a través de la suavidad en el color y en las transiciones. Sutileza no solo en lo visual, también en el tacto del propio envase por medio de acabados o materiales especiales. El minimalismo parece ser una tendencia a futuro en el ámbito del packaging y por supuesto, un desafío adicional para el impresor.

Otro concepto en auge son los materiales biodegradables desarrollados a partir de materias primas naturales. El objetivo principal es la reducción drástica de la generación de residuos y del impacto en el medio ambiente, algo que están asumiendo las grandes marcas como un factor diferencial de sus productos frente a la competencia y al que se añaden otras innovaciones importantes pensadas para conectar mejor con el consumidor; como el concepto de packaging inteligente, los envases adaptados o la personalización.

Sin duda, estamos siendo testigos de una revolución ecológica y funcional en lo referente a la fabricación del envase y embalaje. Llegan nuevas oportunidades y desafíos para los que deberemos estar preparados.

Miguel Ángel Beltrán   ·   mabeltran@lycongraphics.com

Welcome to the real world of competitiveness in the packaging printing industry.

How to keep safe the confidence of our client?. How can we keep him faithful despite constant attack from our competitors?.

Traditionally, the basis on which is seated the customer loyalty has always been focused on maintaining a proper balance between quality, price and service, but if only one of these  pillars is get weak, that situation will finally drive the customer to be tempted on try other options or directly to accept other offers on the conviction that the trust is broken, so we are not interesting anymore. This is the reality of today’s delicate relationship between customer and supplier.

There is a rule that almost never fails, especially in our Packaging & Printing Industry; compete with a low price in front of the customer is in most of the cases due to the fact that our proposal does not provide enough value to differentiate itself. Moreover, who purchase a service or solution prioritizing the price above the value that they are able to generate, probably will get the opposite of what it´s intended.

It´s time for new approaches…; the decorated stage has become different and some people have not yet realized it. They have not perceived the change and are unprepared. They have not renewed concepts and have not updated their strategies. They have relaxed themselves in the success, so they could be the next to succumb. In fact, the main risk of maintaining a high Market Share for a long time is to believe that we are above the others, being owners of a superior and unbeatable product or service. A slow but certain way to death.

That debacle begin when we lose sight of reality…; «all leadership positions are ephemeral from a market perspective». Business dynamics in packaging printing industry does not run like a quiet river cruise, but a canoe dropping through turbulent waters in which we must be constantly vigilant if we do not want to dump.

Compete effectively in today’s marketplace requires a big commitment…; optimizing the activity of the organization to focus it more than ever on a satisfactory relationship with the customers. The goal is to anticipate their needs, be effective and efficient, avoid to fail them… But, how can we do that without leaving our comfortable bubble as leaders?.

Customer won’t buy us because we are the best, the biggest, the smarter or who has the most attractive corporate reputation. Customer will buy us if perceives competitive advantages that solves problems and add value. The rest is at the present time something just accessory.

Welcome to the real world!.

Miguel Ángel Beltrán   ·   mabeltran@lycongraphics.com

¿Cómo vender valor al cliente si no entendemos lo que significa el valor para él?.

En el sector del packaging, al igual que en otros muchos, se da una circunstancia común en lo referente a la comercialización de tecnologías…, «el concepto no se vende por sí mismo, hay que contextualizarlo correctamente frente a las necesidades y prioridades del cliente».

En base a esto, tendríamos que empezar por hacernos una sencilla pregunta… ¿Cuál es el motivo por el que ese cliente debería elegir mi solución en lugar de la que proponen otros?. O dicho de otra manera algo más empática…, ¿cómo puedo garantizarle la generación de más valor que mi competencia?.

Este enfoque puede determinar buena parte de las posibilidades de éxito, pero…, ¿cuál debe ser entonces la estrategia?, ¿cómo actuar?, ¿cómo ofrecer planteamientos adecuados?.

Hay quien entiende que obtener el éxito comercial en este ámbito pasa por hacer cuantas más visitas mejor, cuantos más pretenciosos eslóganes mejor o cuantas más promesas mejor… Sin embargo, el verdadero éxito no lo determinará el alcanzar la ansiada firma del contrato, sino la relación futura con el cliente, la cual quedará condicionada por el cumplimiento de todo lo propuesto previamente a lo largo del proceso y de cómo esto sea percibido.

Hay una expresión clásica en la representación comercial que viene a decir algo así…»el objetivo no es cerrar una venta sino ganar un cliente y conseguir fidelizarlo» por lo que, desde mi punto de vista, lo primero que debemos evitar es decepcionarle. En este sentido y en lo concerniente a la comercialización de tecnologías para la producción gráfica, la clave para ello está en contar con una buena información y establecer una buena comunicación con él…, no es posible ofrecer soluciones correctas si no sabemos nada o casi nada del cliente. Dicho de otra forma, ¿cómo podemos pretender ofrecerle herramientas que le generen valor si no entendemos lo que representa el valor para él?.

Por poner algún ejemplo…, hablar de calidad en la impresión como el factor diferenciador de nuestro producto tiene mucho sentido, pero… ¿de qué sirve obtener una gran calidad si no somos productivos?. Por otra parte…, el hablar de productividad en la impresión como factor diferenciador puede ser determinante para convencer al cliente, sí…; pero… ¿de qué sirve la productividad si no somos rentables?.

Por lo tanto…, ¿cómo pretendemos garantizar al cliente calidad, productividad y rentabilidad con nuestro producto si no sabemos qué factores determinarán su rendimiento en ese contexto particular de producción?.

Desde el punto de vista de la comercialización de tecnologías, el enfoque correcto hacia el cliente debe partir de una información de calidad y una correcta valoración e interpretación de la misma. Por lo tanto…, no estamos hablando de la simple labor de un consultor comercial, sino también de capacidad de análisis y transversalidad en su labor.

Saber comunicar con honestidad y claridad la proposición de valor de nuestro producto y crear interés con ello es fundamental. Ser capaz de predecir, a través de la experiencia y de la gestión, cómo esa proposición garantizará la aportación de más valor al cliente es lo que realmente identifica a un verdadero consultor de ventas.

Miguel Ángel Beltrán   ·   mabeltran@lycongraphics.com

What about efficiency and profit in flexography?

Many years after the leap made by flexography  with the introduction of digital plates (LAM), we are now seeing how the development of new concepts in prepress and system mechanics are definitely driving this printing system to be a real alternative to gravure in practicaly all applications, since is able to deliver similar quality level or even better, but with its own additional competitive advantages.

A couple of years ago, after an interesting discussion with the staff of an important flexible packaging converter, my perception was that our sector has been witness and beneficiary of this great evolution, but also victim of its own acquired defects after so many years working without an accurate procedure due the difficulties to implement a printing standard in this system.

What I mean is it seems that there is a misunderstanding about all these innovations in front of the today´s new challenges in the flexography industry…, so much so that there is the trend to spend efforts, time and money in to invest “right now” in new tools before have understood what is exactly happening on press in order to define which of these tools are exactly needed and how they must be implemented to assure the performance that they can certainly generate.

In fact, it seems that there is a wrong approach about which is our real target in flexo. I’m not sure if the reason of that is because something regarding the last innovations has not been fully understood by the market or simply it has not been correcly explained by those who are promoting their advantages, me included.

The true (my true) is that we are not trying to print “as well as” rotogravure or offset in flexo (because this is not our main priority) and these innovations are not mainly designed to get this. We must print high quality, of course… but “quality” is something more than print at 175 lpi with full tonal range… The real meaning of “high quality” in flexography should be to assure sucessfully all the customer requirements being consistent work by work…, keeping in mind that we must do it aligned with our needs of sustainability, cost saving and profit.

«It´s not only about innovation, it´s also about attitude and approach».

Miguel Ángel Beltrán   ·   mabeltran@lycongraphics.com

Lo que nos hace diferentes, mejores o excepcionales en la industria gráfica…

En un sector tan diverso como el de la industria gráfica, en el que existen tantos escenarios distintos, la competitividad de las empresas supone un reto de muy difícil superación teniendo en cuenta que estamos ante un mercado vivo, dinámico, exigente y complejo, realmente complejo…

Superar este escenario no es algo fácil para el impresor, quien se enfrenta a la necesidad de trabajar bajo mayores presiones por parte del cliente y de la competencia, a las cargas fiscales, a las normativas medioambientales, al incremento del precio de las materias primas, a la inexistencia de una mínima regularidad en cuanto a la demanda de fabricación, a unos plazos de entrega incoherentes y a tantas otras dificultades.

¿Y qué decimos de los requisitos de calidad?. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que había un cierto margen de tolerancia en el resultado; se asumían pequeñas variaciones o algunos defectos típicos en la impresión como propios de las limitaciones técnicas en el sistema utilizado y ciertamente era así. Pero esa situación ha cambiado definitivamente y ahora el comprador de impresión no lo acepta; exige el cumplimiento de sus requisitos y estos deben garantizarse independientemente del sistema de impresión con el que se haya llevado a cabo el trabajo. Todo un desafío para la rentabilidad del impresor.

La clave en todo esto suele ser la eficiencia… Y es que a nadie se le escapa que la mejor alternativa para luchar en ese “escenario infernal” es el trabajar sin tregua por ser más “eficientes” y hasta ahí todos lo entendemos…; de hecho, todos nos declaramos entregados en cuerpo y alma a esa cruzada. Sin embargo, es habitual que acabemos engullidos por la misma mecánica de siempre; la del querer fabricar, entregar y facturar el trabajo al cliente lo más rápido posible y caer en la tentación de “dejarnos de zarandajas, que el cliente tiene prisa».

Y así…, inmersos en la frenética labor de no parar las máquinas en ningún momento, se va abandonando poco a poco el buen análisis del trabajo y vamos sacrificando los puntos de referencia que nos permiten comparar y determinar si hay alguna grieta por donde se nos escapa algo tan importante como es el beneficio, ese concepto que determina si una empresa puede crecer en el futuro o sucumbir a una mediocridad que no le permitirá competir en este nuevo escenario y posiblemente la hará desaparecer.

Más allá de la eficiencia y la productividad, lo que realmente nos hace diferentes, mejores o excepcionales no es nuestra capacidad de producir más, sino la de generar valor en aquello que producimos. El valor que percibe nuestro cliente de aquello que hacemos se materializa a través del cumplimiento de sus requerimientos y expectativas, el nuestro lo hace en forma de rentabilidad, que es lo que le da un sentido a todo negocio. Pero lo fundamental es entender que ninguno de ellos tiene una razón de ser sin el otro.

Miguel Ángel Beltrán   ·   mabeltran@lycongraphics.com